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Archive for the ‘Intervenciones participadas’ Category

INVESTIGACIÓN-ACCIÓN PARTICIPATIVA EN EL BARRIO DE SAN GREGORIO (GALAPAGAR)

 LA IAP EN SAN GREGORIO

Introito: ponga una IAP en su vida

Qué lema más bonito. Y encima nos lo creíamos.

Estábamos todavía cursando el Magíster en Investigación, Gestión y Desarrollo Local en la Universidad Complutense de Madrid, y ya estábamos dispuestos a comernos el mundo de la investigación social con un manual de bolsillo. Divina juventud. Y para más inri, alguno teníamos la misma experiencia en investigaciones participativas que la de cualquier tecnócrata del CIS…

¿Galapagar?” o Acercamiento al objeto-sujeto de estudio

Como ninguno de los investigadores conocíamos Galapagar más que como recinto del magnífico Festival de Jazz, cabe suponer que menos aún conocíamos el barrio de San Gregorio, donde íbamos a desarrollar nuestra labor. En seguida supimos que lo llamaban “el Bronx” coloquialmente. Mala señal. Bueno, podían ser habladurías de la gente, que todo lo exagera…

En la primera reunión que tuvimos con las técnicas municipales que nos otorgaban la posibilidad de ser dinamizadores de un proceso participativo, consensuamos los objetivos a conseguir en 10 meses (los que duraban las prácticas del Magíster). Curiosa forma de empezar un proceso participativo-abierto. Pero no nos pongamos quisquillosos (sobre todo, porque tan sólo unas páginas más adelante reflexionaremos ampliamente sobre este punto).

La cuestión es que las técnicas nos pintaron a grandes rasgos el barrio. No parecía la Moraleja, no: aislado física y mentalmente de Galapagar (por más que los férreos dictados cartográficos dictaran justamente lo contrario), con situaciones vecinales conflictivas, sin apenas acondicionamientos…

En fin, el típico barrio realojado-por-el-ivima, donde la falta de espacios de encuentro se compensaba con la superabundancia de… farolas rotas, desperdicios y prejuicios muy fuertes del resto de Galapagar hacia el barrio y viceversa.

No problem” o A seguir el manual

¿Que San Gregorio era el lógico resultado de una nefasta política de realojo, donde no se había prestado apenas atención al necesario acompañamiento que exigen este tipo de procesos, en cuanto a: a) la sensibilización hacia el conjunto del municipio; y b) acompañando a las personas realojadas con un programa de educación en valores de convivencia y respeto al medio ambiente? (Respiremos) ¿Que San Gregorio no era más que el efecto de no haber sabido frenar a tiempo los problemas que surgen de forzar a convivir en un espacio impuesto por la Administración a tres grupos étnicos distintos –payos, gitanos, quinquilleros-? ¿Que San Gregorio se estaba convirtiendo en un gueto fortalecido por prejuicios, por autovaloraciones negativas, por altos niveles de analfabetismo y por empleos no “normalizados”? ¿Que no existía apenas sentimiento vecinal y que podía ser tarea de titanes el conseguirlo?

Pues nada: despacito, manual y seguro que buena letra, pensábamos nosotros. Si el barrio se creó en 1985, no veíamos por qué iba a ser tan difícil hacerlo “renacer” en 2001. Aunque tuviéramos que recurrir a algún truquito mágico más propio del ya de capa caída David Copperfield.

¡Avanti!” o Inicio de la Investigación-Acción Participativa en el barrio

El proyecto, surgido a raíz de la demanda de la Concejalía de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Galapagar a la Universidad Complutense de Madrid, comenzaba a tener forma. Pero en nuestras cabezas, porque lo que era hasta el momento en la población sujeto y supuestademandadora de la investigación… más bien no. Por ello, tuvimos que dedicar ingentes esfuerzos a presentar a la gente de San Gregorio nuestro proyecto (y no suyo aún, claro), que encima les convenía aceptar, pues no nos íbamos a ir tan pronto del barrio sin cumplir el convenio firmado…

Lo cierto es que no resultaba fácil entender el papel que íbamos a jugar. No era fácil ni para nosotros, que no dejábamos de estar masterizándonos...

Una cosa sí que teníamos clara en aquel momento: las bondades de la IAP (la distinción entre el tipo ideal de IAP y el tipo real se nos escapaba hasta entonces), pues ésta no deja de ser -supuestamente- ni más ni menos que… “un proceso de (auto)formación orientado a la implicación y a la acción, además de una aportación de cara a la transformación social”(!!!). Al menos esto es lo que hemos sacado en claro del refrito de manuales consultados para la ocasión.

Aunque… ¿por qué no explican los gurús los tiposreales de iapés?

Dejando de lado por ahora disquisiciones metodológicas, la verdad es que no empezamos mal del todo con la gente del barrio (otra cosa era que siguiéramos los ritmos marcados por el esquema clásico de IAP…). A la vez que proseguíamos, inasequibles al desaliento, la campaña informativa por el barrio (omitiendo, claro está, nuestras propias dudas existenciales-epistemológicas), comenzamos a acercarnos al colegio donde acuden la mayor parte de l@s niñ@s del barrio con el fin de ganarnos su confianza y semi-utlizarles de puente para con sus padres y madres.

Posteriormente, decidimos hacer una convocatoria general para tratar los problemas del barrio, pero la verdad es que ésta fue un fracaso por las amenazas previas que recibieron algun@s de l@s vecin@s para no acudir, con regalos aovados incluidos.

Entonces, tras el consabido “¡eureka!”, pensamos que era más adecuado trabajar con grupos reducidos afines, con la idea de que fuésemos encontrando algo común entre ellos que les permitiera confluir en un trabajo conjunto. Tampoco funcionó: a las convocatorias no acudía nadie. Bueno, los investigadores-dinamizadores sí…

No había que ser discípulo de Durkheim o Compte para darse cuenta de que algo hacíamos mal, porque los resultados positivos hasta entonces llegaban con cuentagotas. Estaba claro que teníamos que cambiar de estrategia.

Esta idea pudo ponerse en práctica por la oportunidad dada por 15 nuevos meses de trabajo, como resultado de una subvención de la Comunidad de Madrid en el marco del Plan Nacional contra la Exclusión.

Teníamos cerca de año y medio por delante y queríamos aprovecharlo.

Vaya, pero si el proceso de IAP ideal difiere del proceso de IAP real” o Cambio de estrategia

El primer paso ineludible del nuevo rumbo, convocar y celebrar de una vez por todas la asamblea de barrio pospuesta demasiado tiempo, obviando posibles obstáculos. Al fin y al cabo, tampoco era pedir tanto: la idea simplemente consistía en juntar a la gente de San Gregorio (por lo menos, a una parte de él), y charlar.

Partiendo de una provocación inicial nuestra (colgamos un cartel con fotografías del barrio en la plaza central), comenzamos a hablar sobre los problemas del barrio, intentando conseguir superar el discurso de lo privado, demasiadas veces escuchado a lo largo de esos meses, y acercarnos a lo colectivo, al barrio como espacio común.

Quizás, lo más importante fue que conseguimos positivizar de alguna manera el tema más repetido, el de la limpieza en el barrio (o, más bien, la ausencia de la misma): la cuestión no era “flagelarnos” con la suciedad con la que convivían l@s vecin@s, sino apelar a aspectos positivos, hasta lograr que el discurso de la mayoría de la gente se apoyara en la necesidad inaplazable de un barrio limpio.

Partíamos con velocidad de crucero en nuestro nuevo rumbo, pues la asamblea se convirtió en el primer paso en firme que dimos en el barrio colectivamente, ya que hasta entonces no se había tomado ninguna decisión de manera conjunta (¡¡en prácticamente un año no habíamos sido capaces de que la gente lo lograra!!).

Valientemente, l@s vecin@s se habían agarrado a su propia dignidad, y se daban cuenta de que cada vez parecía más necesario hacer algo. Pero algo que saliera de la propia gente, como solución rápida, sin contar en ese primer momento con los recursos públicos.

Como consecuencia de todo esto, se organizaron tres jornadas de limpieza de la plaza central del barrio. Llenamos montones de sacos, la gente colaboró, se dedicaron esfuerzos para arreglar algo común, evitando egoísmos dañinos; se vislumbró la posibilidad de un cambio autosostenido…

Aunque vamos a hablar en el último apartado de este artículo de ello, debemos por lo menos hacer aquí una mínima mención a la importancia de la mujer en aquellos momentos (importancia que hoy se mantiene intacta, por otra parte). Es cierto que la clase de acción emprendida favorecía de alguna manera que la mujer se implicase más (el tema de la limpieza fomenta algunas concepciones machistas, si bien es verdad que también acudieron a las jornadas algunos hombres para colaborar en las tareas que requerían una mayor fuerza física), pero lo que iba quedando claro era que las mujeres comenzaban a tirar de verdad del proceso.

En nuestro cambio de estrategia, otra cuestión importante es que el Ayuntamiento ha puesto a disposición de los vecinos, desde el primer trimestre de 2003, unos locales vacíos en el barrio, con el fin de acondicionarlos como centro social y vecinal, en el que además puedan desarrollar su trabajo los educadores de calle que trabajan en el barrio y nosotr@s mism@s.

La cuestión que nos planteábamos como dinamizadores de un proceso participativo era cómo conseguir que la gente se los apropiara y sintiese el espacio como suyo. Por ejemplo, construyéndolos entre tod@s: dándoles un uso, decorándolos y convirtiéndolos en espacios legibles y funcionales para actividades comunes. Y en ello estamos, pues casi no hemos hecho más que empezar.

Cuaderno de Bitácora

Hasta ahora, parece que progresamos adecuadamente, pero las cosas van despacio. Los locales ya han sido mínimamente acondicionados, y notamos que cada vez la gente los va sintiendo, poco a poco, más como suyos.

En esta etapa, además, seguimos esforzándonos para implicar realmente al Alcalde del municipio, y para ello nos hemos reunido con él y con un grupo motor de San Gregorio, con el fin de que le plantearan la necesidad de soluciones para el barrio.

De esa reunión, la gente ha logrado que el Alcalde se haya comprometido a arreglar las farolas, el alumbrado del perímetro del barrio y el saneamiento de las alcantarillas obstruidas. También hablamos de la posibilidad de poner papeleras para que no cayeran en saco roto las jornadas de limpieza que se organizaron en el barrio. Esperemos que tantas promesas no caigan en saco roto, porque al proceso de IAP le puede costar sobreponerse a un posible contratiempo en este sentido…

Además, estamos organizando la futura reunión del Alcalde con más vecin@s, ya no en territorio municipal -donde l@s vecin@s, lejos de verlo como neutral y “de tod@s”, lo ven como ajeno-, sino en los locales del barrio.

A la vez, estamos realizando diversas actividades para que la población del barrio se conciencie de la necesidad de respetar y cuidar todos los equipamientos que tanto les está costando conseguir.

A corto plazo, nos planteamos ampliar el espectro de población con la que trabajamos, acercándonos a otros grupos del barrio, fundamentalmente los jóvenes y los adultos varones, que nos tienen/les tenemos más abandonados que a las mujeres.

A más largo plazo, nos parece importante (luego nos estamos esforzando en) articular estrategias coordinadas con el resto de las instituciones públicas y agentes locales vinculados a otras áreas del bienestar social como son la educación, la salud, la cultura y el desarrollo local.

Y finalmente, nos planteamos abrir nuevos espacios de comunicación, encuentro y convivencia entre l@s vecin@s del barrio de San Gregorio y el resto de la población de Galapagar, a fin de completar el proceso de integración de la comunidad local en su conjunto.

APUNTES SOBRE LA IAP PARA EL CASO DE SAN GREGORIO

En el contexto que hasta ahora hemos explicado, esperamos que suficientemente, ¿qué sentido habría de tener iniciar un proceso de IAP dieciséis años después de la construcción del barrio?, ¿qué resultados de integración se pueden conseguir cuando este proceso no ha sido demandado ni propuesto por l@s propi@s vecin@s?, ¿qué nivel de implicación por parte de la comunidad local podemos esperar, pues, cuando esta iniciativa ha sido inducida desde el exterior por parte de las instituciones públicas (Ayuntamiento y Universidad)?, ¿hasta qué punto es posible un proceso participativo cuando las relaciones entre l@s propi@s vecin@s del barrio están basadas en el conflicto, la tensión y el miedo?

Estas y otras cuestiones nos han acompañado a lo largo del proceso y es ahora cuando estamos en condiciones de apuntar algunas reflexiones críticas en torno a los límites y oportunidades de la IAP como instrumento operativo de transformación social.

En primer lugar, es importante remarcar que el proceso en que nos embarcamos hace más de un año no parecía acomodarse al ritmo de una IAP ideal, en la que el sujeto colectivo, consciente y crítico con su situación, asume un papel protagonista y activo orientado a su transformación. Nuestro trabajo ha estado más bien dirigido a promover las condiciones que hicieran posible el desarrollo, a más largo plazo, de un verdadero proceso de “implicación-acción participativa”. Por tanto, ha sido más una labor de mediación, motivación y facilitación de un clima propicio para el encuentro entre l@s vecin@s del barrio, como punto de partida para la construcción de un sentimiento de comunidad, de una valoración positiva de su entorno y de un deseo de mejorarlo.

Además, esta labor de mediación ha resultado imprescindible, ya que si existe un grado tan elevado de violencia física y psíquica como el reinante en el barrio, resulta muy difícil conseguir que l@s actor@s implicad@s del barrio se reúnan para dialogar y aún mucho más para trabajar junt@s en la construcción de un proyecto común. Es más, forzar tan solo un encuentro sin haber aplacado previamente la tensión existente, puede revertir de manera negativa sobre la propia población e incrementar el antagonismo prevaleciente. Por esta razón, y tal y como se habrá podido deducir de la lectura de toda la primera parte de este artículo, nos hemos visto obligad@s a trabajar de una forma algo alejada del modelo ideal de la IAP, aunque siempre teniéndolo como referente. Consecuentemente, no hemos podido llevar a cabo los talleres conjuntos propuestos por la IAP, entre otras cosas por el riesgo de provocar un mayor conflicto.

Ante todo esto, como hemos expuesto anteriormente, decidimos trabajar por separado con los distintos grupos afines identificados a lo largo del proceso, con el fin de poder detectar y analizar los elementos comunes entre ellos a partir de los cuales generar el punto de partida que posibilitara el trabajo conjunto propuesto por la metodología. No obstante, el trabajo con estos grupos también se ha visto dificultado por el miedo de éstos a ser vistos u oídos por los otros grupos de barrio.

La conclusión global a la que hemos llegado es que es muy difícil desarrollar una IAP en situaciones de conflicto extremo sin que previamente se haya trabajado en la distensión de dicha situación.

En segundo lugar, cabe decir que es muy difícil romper con el asistencialismo, con la dependencia económica y con la pasividad de una comunidad que ha interiorizado dispositivos mentales de impotencia, frustración y resignación frente a su situación de abandono y degradación. El impulso que de repente se ha querido dar a esta comunidad local podría suponer un cambio cultural substancial, pues no responde a las necesidades vitales más inmediatas de la gente y choca con sus actitudes de desconfianza y miedo al otro. L@s vecin@s de San Gregorio han tenido que re-aprender, de una manera forzada, los principios comunitarios en que pueden sustentarse sus prácticas y estrategias de supervivencia, más basadas antes en el individualismo y la competencia por los recursos (“sálvese quien pueda”)que en la solidaridad y la cooperación.

La IAP no puede alcanzar su nivel de significación y relevancia plenos (utilidad y potencia transformadora del conocimiento social construido de forma participada), mientras los sujetos a quienes afecta determinada situación no asuman su papel activo y protagonista en el proceso de análisis, propuesta y cambio. En estos momentos, no estamos en el nivel óptimo de conciencia colectiva y adquisición de compromiso en el barrio, pero algunos indicios apuntan hacia la reversión (inversión de las reglas del juego en el interior de un sistema dado) de la tendencia al agravamiento de una situación de desventaja social como condición de partida. Por un lado, el gobierno municipal apuesta por una forma de resolver los problemas de l@s ciudadan@s que supera el asistencialismo y promueve procesos participativos en los que la sociedad civil desarrolla su potencia y capacidad de autoorganización e iniciativa. Por otro lado, ha emergido un grupo motor de mujeres del barrio, de diferentes grupos étnicos y culturales, que ha empezado a asumir el papel de representación de los intereses comunes del barrio frente a las instituciones públicas, al mismo tiempo que interviene como figura de intermediación en el interior de la comunidad.

PAPEL DE LA MUJER EN EL PROCESO PARTICIPATIVO

Históricamente las mujeres han sido excluidas y marginadas de los ámbitos de participación, de tal manera que nunca han formado parte de sus experiencias y su vivencia. Por ello, frecuentemente las mujeres no están preparadas para la participación. De ahí la necesidad de crear nuevos caminos y espacios que permitan su plena integración en todas las dimensiones de la vida social, estableciendo dentro de ella cuatro roles: el rol reproductivo, el rol productivo, el rol comunitario y el rol político.

Sobre las mujeres del barrio de San Gregorio recae claramente el rol reproductivo: son ellas las que garantizan la continuidad del linaje familiar por consanguineidad y las que se encargan de la atención y cuidado del núcleo doméstico y todo lo que esto conlleva. En lo que se refiere al rol productivo, no solo se responsabilizan de la economía familiar, ya sea a través de su propio trabajo, en la economía formal o en la informal, o a través de las ayudas institucionales (suelen ser ellas quienes la solicitan), sino que además sostienen el hogar, reforzando los vínculos familiares, solucionando los problemas que van surgiendo…

La mayor parte de las mujeres del barrio son mujeres solas con responsabilidades familiares y escasos recursos, mujeres de edad avanzada que viven solas, y mujeres insertas en un grupo familiar extenso. En este último caso, aun existiendo la figura del hombre, suele ser una de las mujeres adultas la que asume de forma más o menos explícita las funciones de regencia más propias de un sistema de matriarcado.

Al comenzar nuestro proceso de IAP en el barrio de San Gregorio, partíamos de la inexistencia de vida comunitaria en el barrio y, en consecuencia, existía una gran dificultad para articular un proyecto de desarrollo local y social consensuado y colectivamente organizado. No obstante, también partíamos de una intuición preconsciente (o hipótesis de partida): el embrión o germen del papel social comunitario (el tercer rol), fuera cual fuera su nivel de desarrollo, estaría sin duda sustentado por las mujeres de la comunidad, al no haber detectado vínculos ni espacios comunitarios ocupados por los varones adultos. Esas redes de subsidiariedad y solidaridad intracomunitarias, como sistemas de autoayuda e intercambio mutuo, se definían por las relaciones de vecindad (puerta con puerta) y de parentesco y/o de etnia.

A partir de esa potencialidad, empezamos a trabajar buscando aquellos nudos de red (mujeres con nombres y apellidos), que por su posición en la trama estaban en condiciones de liderar o facilitar la construcción de una identidad y una vida de comunidad.

¿Por qué las mujeres? En nuestro caso estaba claro: a lo largo de más de un año de trabajo de campo y de presencia activa en el barrio, habíamos desarrollado una estrecha y fuerte vinculación con ellas (la cuestión de la empatía, la calidad y la calidez de las relaciones en el trabajo de animación-motivación, la complicidad de género…), mucho más que con los jóvenes y adultos varones. Además, las mujeres pasan más tiempo en la casa y en el barrio, y es a ellas a quienes más afecta y preocupa el estado y las condiciones de vida en él, por lo que parecen más dispuestas a hacer algo al respecto. En tercer lugar, las mujeres tienen también una mayor capacidad para relacionarse con el entorno del barrio (el conjunto de Galapagar), que los varones adultos o los más jóvenes: ellas van a hacer la compra al mercado, llevan a l@s niñ@s al colegio, trabajan en el pueblo, hacen las gestiones en el banco, correos, administración municipal, etc.

Este tercer punto -la posición estratégica de las mujeres de cara a la relación con las instituciones y el conjunto de la población-, nos pareció fundamental a la hora de diseñar el trabajo de formación, organización y acompañamiento de las figuras o agentes de mediación, es decir, un grupo motor dispuesto a desempeñar un cuarto papel, el rol societal o político de representación pública. Esta dimensión política de la participación en el desarrollo local y la mejora de la calidad de vida social tiene que ver con la capacidad de escuchar, tomar la palabra, hacer llegar las propuestas de tod@s para negociarlas y llegar a acuerdos entre tod@s l@s actor@s implicad@s.

En definitiva, nos inspiraba una profunda convicción: “las mujeres saben aunque no saben que saben” (esto es así en todas las esferas de la vida -privada, comunitaria y, ¿por qué no? social-). Y en consecuencia, confiábamos en la posibilidad de que las mujeres de San Gregorio llegaran a ser sujetos activos y conscientes de la importancia de su papel de mediación y de representación de los intereses del barrio frente a las instituciones y el conjunto de Galapagar.

El papel de la mujer es clave en el desarrollo. Los cuatro roles o dimensiones de la vida social están estrechamente ligados, de forma que la mejora de uno de ellos va a traer consigo un efecto positivo en el resto y en el conjunto sistémico que conforman; y a la inversa: si no atendemos a la satisfacción de las necesidades de desarrollo de las mujeres desde un enfoque integral e integrador de tales dimensiones o capacidades, corremos el riesgo de ahondar o profundizar aún más su situación de marginación y exclusión y la del conjunto social al que pertenecen. Porque el ejercicio pleno y consciente de los cuatro roles de la mujer en la sociedad, hoy apenas potencialidades en ebullición y proceso de emergencia, son factores sinérgicos (o multiplicadores de efectos), o una variable estratégica que garantiza, en el conjunto macrosocial, la perdurabilidad de un modelo de Desarrollo a Escala Humana (sostenible y facilitador de las relaciones de convivencia entre iguales).

La construcción de una identidad comunitaria y de género son procesos estrechamente ligados. Tratamos de que las mujeres valoren y asuman consciente- mente el papel y las tareas que están desarrollando, tanto de una manera privada como pública, y que está incidiendo en la mejor convivencia y en el desarrollo del barrio y de la sociedad en su conjunto (transformar una situación de hecho a una situación de derecho, comúnmente reconocido, valorado y legitimado).

Esta es, pues, una labor de motivación, formación, acompañamiento y refuerzo con ellas, y desde ellas hacia el entorno, sus redes familiares y de proximidad (barrio, vecindario, pueblo…).

En el contexto de relaciones privadas y familiares de corte tradicional que es el barrio de San Gregorio, la figura del hombre aparece, al menos en el plano simbólico, como referente de poder y de autoridad en la toma de decisiones, aunque su presencia física no sea real (es un padre y esposo ausente pero omnipresente), y también es necesario ir incorporando su presencia activa en todo el proceso. Por eso, al mismo tiempo, o paralelamente, insistimos en abrir espacios de encuentro entre todos y todas, para todos y todas.

La apertura y dinamización de tales espacios, comunitarios, por un lado, y de mujeres solas por otro, son procesos paralelos donde se refuerzan habilidades y capacidades de comunicación e intercambio con el otro y canalizan la proyección de distintas formas de ser, estar, sentir y hacer en el mundo, desde lo más cercano, cotidiano y sencillo (necesidades sentidas y potencialidades viables), hasta lo más profundo, lejano y complejo.

En este proceso de autoformación y trabajo en grupo estamos aprendiendo tod@s, y tod@s nos equivocamos, pero esperamos cerrar este “círculo virtuoso”, que no vicioso, de acuerdo con la siguiente secuencia: a mayor conciencia y autovaloración positiva, mayor nivel de compromiso y desarrollo de la implicación y responsabilidad social (cuarto rol), y un mayor deseo e interés por mantener y mejorar lo conseguido, en nuestro propio beneficio y en el de la comunidad a la que pertenecemos.

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